TRANSAHAREANDO, ATRAVESANDO SENEGAL



La camioneta avanza lenta pero segura cruzando la sabana africana del norte del Senegal. El ruido del viejo motor mercedes es como el de una avioneta de hélices, limpio y agradable.
 Una especie de mantra.
 El calor aprieta pero esto no debería ni ser descrito en una crónica de viaje por esta parte del planeta, se debe de dar por entendido de antemano… es tan fácil caer en los tópicos, pero a mi me gustaría escribir sobre un viaje en África sin que aparecieran algunas palabras. Palabras muy manoseadas por los viajeros como “lugar mágico”, “pobreza”, “alegría”, “puesta de sol”, “sonrisas”, “desesperación”, “otro ritmo”, “corrupción”.
 Es difícil no utilizarlas.
 Por otra parte también es complicado describir el paisaje de la sabana africana sin caer en lo de siempre, más teniendo en cuenta que hemos sido bombardeados por las imágenes de innumerables documentales. Pues aquí es exactamente esa sabana pero sin los grandes animales. Claro que el directo no es lo mismo que la caja tonta, y unos cuantos baobabs “de verdad” delante pueden llegar a conmocionar incluso al listillo que ya lo había imaginado un montón de veces.
 Trataba de explicárselo a W pues yo conducía tremendamente emocionado por lo que me rodeaba. Estaba en África carajo, lo había conseguido después de una casi infinita espera, no siempre agradable.
Millones de personas soñando con cruzar a Europa y unos cuantos miles de locos deseando hacerlo en dirección contraria.
-Por aquí no baja nadie que sea “normal”-. Sentenció una vez W. hablando sobre los viajeros que se aventuran por estas tierras. Es cierto, normales lo que se dice normales pues no mucho, no. Al que no le pasa una cosa le pasa otra.
- ¡Ey mira, mi primer baobab!- exclamo entusiasmado.
 W, vuelve en si, mirándome como quien regresa de lejos, y se sorprende cayendo en la cuenta de que es mi primer baobab. Para él es uno más de los muchos que ha visto.



Si piensa que soy un pardillo desde luego no me lo dice.
 No sé si he explicado ya que W. aunque sea alemán vive en Gambia, viaja mucho sin salir de estos países y para él puede que llegue a ser normal después de tantos años. Unos veinte para ser más preciso.
- ¿Recuerdas tu primer viaje a África?
Responde afirmativamente con el destello de sus recuerdos en la mirada.
-Pues hoy, ahora mismo, en este caliente y bonito día es exactamente para mí ese momento.
 Estoy rozando la euforia. Qué bien que no sea todo siempre lo mismo, ya sabes, el mal rollo de las preocupaciones, disgustos, desamores, hipotecas blablabla…Pequeñas grandes tragedias. En momentos así es cuando se cumple el dicho árabe mencionado por Sir Richard Burton : Viajar es victoria.
 San Luís es la primera gran ciudad del norte del Senegal.
 He oído que hay bastante despiporre en ella, discotecas, turistas, fiestas. A lo mejor es como una especie de venganza por la seca, también en lo que alcohol se refiere, Mauritania.
Antes de entrar en la población tomamos un desvío que la rodea y que nos evita meternos por toda ella. W. dice que en anteriores ocasiones tardaba mucho cruzando por en medio pues habían muchos controles de policías especialmente ávidos.
 Circulamos por una ancha pista de tierra que bordea por el norte la ciudad. A un lado hay barrios de casas muy humildes, y al otro lo que parecen unas extensas salinas.
 Y cubriéndolo todo de manera literal, una cantidad casi infinita de basura y desperdicios difícil de describir por extensión y espesura. Casco urbano e inmenso vertedero es todo uno. Esta ronda, siendo la ruta más práctica, no es la más adecuada para que la ciudad se luzca a los ojos del visitante.
 -Cariño, ¿te gusta el paisaje?
 Hay buitres, cuervos, perros y personas retozando en la porquería.
 -No es el mejor rincón para hacerse una casita en África.
 -Bueno, es primera línea de playa.
 En medio de todo este colosal y nauseabundo paisaje de mierda y contaminación viven personas.
 Igualitas a ti y a mí.
 -Sí, y los niños tendrían un montón de cosas para jugar en el jardín.
 -Ya verás, mi amor, seguro que el banco nos concede la hipoteca.
 Clemencia, es el sarcasmo utilizado a veces como tabla de salvación.
Queríamos llegar a Thies para dormir en un camping de un tubab. En este país un tubab es un blanco.
En Senegal cada vez que te paras los niños se suelen acercar a pedirte cosas, lo que sea, es la eterna cancioncilla. Esto también sale en todos los relatos de viaje sobre estas tierras.
-Done mua un cadeau, done mua un bombom, done mua l´argent.
 Estas son otras de las palabras que no quería utilizar.
En fin lo que cuentan siempre es verdad. Pero ya en Thies y parados junto a una farmacia comprando por si acaso un tratamiento de choque contra la malaria bastante eficaz compuesto de tres pastillas, un chaval se me acercó muy serio y con mucho desparpajo y me dijo:
-Señor, déme diez mil francos.
Éste apuntaba alto, para que perder el tiempo con minucias.
 Ideal para una sociedad competitiva.
 Llegará a ministro de hacienda.

 De cualquier gobierno…de cualquier país…de cualquier continente… qué más da… ¿acaso conocéis alguno que no merezca un derrocamiento inmediato?

1 comentario:

Anónimo dijo...

los gigolós son mucho más hábiles, se camelan a las europeas como quien bebe agua, je je y a las españolas mejor todavía, porque son de pardillas que no te imaginas...
eso sí, se las trajinan que las vuelven locas, pero primero les comen la oreja y algunas se quedan prendadas y les mantienen a ellos y a sus familiaas de modo permanente, a cambio de una buena tanda de sexo durante una o dos semanas una o dos veces al año,
de todas formas es raro que una blanca viaje allí sin pareja y no termine con un negro entre las piernas, raro raro...