TÚNEZ POSREVOLUCIÓN. ISLAS KERKENNAH 1




Hace frío en cubierta pero no pienso meterme dentro.

 Alguien que pasa una vez por un lugar debería dejar más margen al frío y al calor que otro que siempre haga la misma ruta. Al fin y al cabo una vez es una sola vez y además es la primera. Lo que trato de decir es que para una puñetera vez que se pasa por un lugar no se tendría que ser tiquismiquis, al menos no en exceso.
 H., vuelve a sentarse a mi lado en cubierta buscando pegar la hebra; y consigue sorprenderme, de conversación variada y agradable, me cuenta partes importantes de su vida  y su filosofía en poco rato. Me pregunta si soy musulmán, no le digo nada pero le recito la Fatiha, primera y principal ázora del Corán.
 Se emociona tanto que me besa en la frente. Delante de unas ochenta personas.
 Que me haga eso un tío de unos cincuenta años con un considerable bigote me haría sentirme incómodo si no llevara años viajando por tierras donde el islam ondea su bandera. A mí apenas me sorprende y si algo lo hace es que alguien más mayor que yo me bese en la frente.
 Trabaja vendiendo pulpo y pescado entre las islas y Sfax desde hace sólo siete meses, tiene tres hijos, es capaz de decir muchas cosas en pocas palabras y cuando tiene que callar lo hace sin pesarle el silencio; lo maneja bien y sabe estar –y eso que va algo achispado-
 Cuando el barco entra en el puerto me presenta a su hija pequeña. Veintitantos, muy alta, pañuelo no llamativo en su cabeza, atractiva sin ser ninguna beldad, acabará ingeniería industrial el año que viene.
 No me dejan pagar ni mi plaza en el taxi. Mientras recorremos la isla hasta su capital Ramla, H. me va explicando todo como el mejor guía turístico, sin serlo, a estas alturas ya no me cabe ni la menor duda. Me deja en un hotel limpio, nuevo y perfecto a 7 pavos la noche.
 Me cuesta mucho que acepte pero le invito a un par de cervezas al borde del mar, damos una vuelta por la pequeña capital, me muestra algún edificio quemado en la revolución, me invita a un té y después, casi sin despedirse, se marcha.
 La despedida, a mi modo de ver, no es el plato fuerte de árabes y bereberes, no tiene apenas importancia al menos comparada con la que se le da en la orilla septentrional mediterránea.
 Quedamos en vernos mañana o pasado.



El Aubergue Raed en Ramla es propiedad de un chico joven de mismo nombre, algo gordito, ha sido marino mercante y dice que conoce los principales puertos españoles: Barcelona, Valencia, Málaga, Zaragoza ...
¿Zaragoza?
 Tal vez remontando el Ebro...
 Mientras escribo esto, ya de noche cerrada, ha llamado a la puerta.
-¿Quién?
- No has cerrado la puerta- me dice.
- No hay mafia aquí en las Kerkennah - me lo aseguró H. esta tarde.
- No, pero tú cierra con llave.
- De acuerdo, hasta mañana.
- Buenas noches.
 Aunque hablamos en francés ya me ha demostrado que sabe un poco de italiano y algo de español:
- Túnez tardará en recuperarse cuatro o cinco años.
- En Europa, sobretodo en España también estamos muy mal últimamente…
- Lo sé, lo veo en la televisión, pero mira, aquí hay una pareja belga-española, cobran mil euros cada uno del gobierno belga, viven aquí, eso sí que es vida.
 No trato de explicarle que España también es refugio de pensionistas europeos, lo que hago es tratar de infundirle esperanzas.
- Tal vez, a partir de ahora con la pos-revolución…
- Qué va, no hay nada que hacer, mira que hotel y sólo un cliente.
- Sí, yo.
- Eso es…
 En mi habitación hay cinco camas, me sobran cuatro.
 Recuerdo de Las Enseñanzas de Don Juan cuando éste le enseña al autor Castaneda que hay un lugar específico para cada uno en cada espacio.
 Un lugar que si escogemos correctamente nos dará bienestar y protección sólo con estar en él. Y también lo opuesto, un lugar fatal para cada uno.
 No sé donde coño tumbarme ni que cama escoger.
 Leer quizá le haga a uno más culto –teoría a la que se le puede encontrar serias grietas- pero en este caso particular, también más indeciso.
 Recorreré una a una a ver que carajo siento, podría elegir la que me dé mejor luz para leer tumbado, pero todas, las cinco, se enfrentan a la luz apropiada para este menester.
 Lo que será evidente fue mi mala elección.
 No dormiré bien casi ninguna de las noches.
 Torpe.

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